Juan Taulero: vida, pensamiento e influencia en la mística cristiana
Johannes Tauler, latinizado como Taulerus y conocido en español como Juan Taulero, fue uno de los principales representantes de la mística renana del siglo XIV. Nacido en Estrasburgo hacia 1300 y fallecido en esa misma ciudad el 16 de junio de 1361, perteneció a la Orden de Predicadores y desarrolló buena parte de su actividad como predicador y director espiritual en los ambientes religiosos del ámbito germánico. Junto con Meister Eckhart y Enrique Suso, forma parte del núcleo de autores que otorgaron particular importancia a la interioridad, la transformación espiritual y la relación del alma con Dios en la Baja Edad Media (Sesé, 1994, p. 903; McGinn, 2005).
La formación dominica de Taulero estuvo marcada por la tradición escolástica desarrollada en los centros intelectuales de la provincia de Teutonia. En este contexto recibió la influencia de diversas corrientes filosóficas y teológicas, entre ellas la tradición neoplatónica y la teología negativa asociada al Pseudo Dionisio Areopagita. Su pensamiento estuvo especialmente vinculado al de Meister Eckhart, aunque Taulero desarrolló las cuestiones heredadas de su maestro en una dirección estrechamente relacionada con la predicación y la orientación de la vida espiritual. Como ha señalado Sesé, fue un “discípulo aventajado del Maestro Eckhart” que contribuyó a transmitir la herencia de la mística renana a generaciones posteriores (1994, p. 903).

Formación dominica y actividad pastoral
Según la reconstrucción biográfica de Gnädinger, Taulero ingresó muy joven en la Orden de Predicadores, probablemente alrededor de los quince años. Su formación filosófica y teológica tuvo lugar en el ámbito dominico de Teutonia, en un contexto intelectual profundamente marcado por la escolástica alemana y por la enseñanza de autores como Eckhart (Gnädinger, 1991, cols. 58-59).
Durante una etapa de su vida estuvo vinculado a Basilea, donde desarrolló actividades pastorales y entró en contacto con círculos espirituales asociados a los llamados Amigos de Dios. Esta denominación designa una red relativamente informal de religiosos y laicos interesados en formas más intensas de vida espiritual y en el cultivo de la interioridad. Posteriormente regresó a Estrasburgo, ciudad en la que desarrolló buena parte de su actividad como predicador.
Al igual que Eckhart y Suso, Taulero predicó frecuentemente en ambientes femeninos y conventuales. Esta actividad se relacionaba con el cura monialium, es decir, con las funciones pastorales que los frailes dominicos ejercían respecto de comunidades de religiosas. Aunque también dirigió su predicación a públicos laicos, la transmisión de sus sermones estuvo estrechamente ligada a los espacios conventuales, lo que ayuda a explicar la conservación de un importante corpus de textos atribuidos a su autoría (McGinn, 2005, p. 241).
La importancia de Taulero en estos ambientes radica, en buena medida, en su capacidad para presentar cuestiones teológicas de gran complejidad en un lenguaje orientado a la práctica de la vida cristiana. Sus sermones insisten en la necesidad de una transformación efectiva de la persona y en la disposición interior que permite al creyente orientar su existencia hacia Dios. McGinn ha destacado precisamente este carácter pastoral de su pensamiento y su capacidad para convertir determinadas cuestiones de la especulación teológica renana en una enseñanza destinada a la formación espiritual (2005, pp. 262-263).
Purificación, iluminación y unión
El itinerario espiritual presentado por Taulero puede comprenderse a partir de tres momentos fundamentales: purificación, iluminación y unión (Gnädinger, 1991, cols. 63-64). Se trata de un esquema que hunde sus raíces en una tradición espiritual anterior, pero que adquiere en su predicación una formulación particularmente centrada en la transformación de la vida cotidiana.
El principal obstáculo para este proceso no reside únicamente en las faltas exteriores. Taulero concede una importancia particular al apego del individuo a sí mismo, al amor propio y a la confianza desordenada en las propias capacidades. El problema espiritual consiste, por tanto, en aprender a desprenderse progresivamente de aquello que mantiene al sujeto encerrado en sí mismo y dificulta su apertura a la acción divina.
De ahí la importancia que adquieren la humildad, la obediencia y la renuncia a la voluntad propia. El camino espiritual exige una transformación de las disposiciones interiores mediante la cual la persona aprende a ordenar sus deseos y decisiones de acuerdo con la voluntad de Dios. La perfección cristiana no depende, en esta perspectiva, de experiencias extraordinarias, sino de una transformación sostenida de la existencia.
El desasimiento y la voluntad propia
El desasimiento constituye uno de los motivos centrales de la espiritualidad tauleriana. El alma debe desprenderse de sus propios intereses y afectos cuando estos se convierten en obstáculos para su orientación hacia Dios. Esta enseñanza no supone una negación de la naturaleza humana, sino una disciplina interior destinada a superar el predominio de la voluntad propia.
La humildad y la obediencia adquieren aquí un sentido espiritual preciso: permiten al individuo reconocer los límites de su propia voluntad y disponerse a recibir la acción de Dios. Por ello, Taulero concede especial importancia a la mortificación interior y al combate contra el amor propio (McGinn, 2005, pp. 268-269).
Este aspecto resulta particularmente relevante para comprender la posterior recepción de su pensamiento. El vocabulario del desapego, de la negación de la voluntad y de la conformidad con Dios podía incorporarse a distintas formas de dirección espiritual y de práctica ascética, incluso fuera de los contextos estrictamente dominicos en los que había surgido.

El “fondo del alma”
Entre los conceptos asociados a Taulero destaca la referencia al Grund, el “fondo” o profundidad del alma. Con esta expresión se alude a aquella dimensión interior en la que el ser humano puede abrirse de manera radical a Dios. La noción debe entenderse dentro de la tradición mística renana y de su reflexión sobre la interioridad, evitando reducirla a una categoría meramente psicológica.
El acceso a este fondo requiere recogimiento, silencio interior y desprendimiento de las preocupaciones que dispersan al individuo. La experiencia espiritual se relaciona así con un proceso de interiorización mediante el cual el sujeto descubre una dimensión profunda de su existencia en la que puede disponerse a la acción divina (Gnädinger, 1991, cols. 65-70; Ugarte de Ercilla, 1924).
La predicación de Taulero concede por ello una importancia considerable a la vida interior. La experiencia de Dios no depende necesariamente de visiones o fenómenos extraordinarios; puede manifestarse en el proceso cotidiano mediante el cual el creyente aprende a desprenderse de sí mismo y a orientar su voluntad hacia Dios.
La unión con Dios
La unión con Dios constituye el horizonte de este itinerario espiritual. Sin embargo, Taulero mantiene una distinción fundamental entre Dios y la criatura: la unión mística no implica una identificación ontológica entre ambos. El ser humano conserva su condición de criatura, mientras que la unión consiste en una conformidad cada vez más profunda con la voluntad divina y en la participación en la acción de la gracia.
En este sentido, la espiritualidad tauleriana puede entenderse como un proceso de transformación de la existencia cristiana. El sujeto debe transformar sus disposiciones, deseos y voluntad para vivir de acuerdo con Dios (McGinn, 2005, pp. 285-289). Esta dimensión práctica explica, en parte, la capacidad de sus sermones para trascender el ámbito de la especulación teológica y convertirse en instrumentos de formación espiritual.
La circulación de Taulero y su influencia posterior
La transmisión de la obra de Taulero estuvo estrechamente ligada a sus sermones. Estos circularon ampliamente en manuscritos y comenzaron a imprimirse desde finales del siglo XV, favoreciendo una difusión que superó los límites del ámbito germánico. La traducción latina realizada por Laurentius Surius contribuyó posteriormente a ampliar su recepción durante la Edad Moderna (Gnädinger, 1991, cols. 75-76).
Esta circulación permitió que Taulero fuera incorporado a distintos repertorios de lectura espiritual. Su influencia alcanzó especialmente a tradiciones interesadas en la interioridad, el recogimiento, la mortificación de la voluntad y la transformación del sujeto. McGinn ha subrayado su importancia en la transmisión de la herencia de la mística renana, mientras que Melquíades Andrés ha mostrado la relevancia de la recepción de los autores renanos para la espiritualidad española de la Edad Moderna (McGinn, 2005, pp. 295-296; Andrés, 1994, pp. 115-118).
La recepción de Taulero debe entenderse, por tanto, como parte de un proceso más amplio de circulación y apropiación de lenguajes espirituales. Las ideas procedentes de la tradición renana podían incorporarse a nuevos contextos, reelaborarse y combinarse con otras tradiciones ascéticas y místicas. El estudio de esta circulación resulta especialmente importante para comprender la presencia de determinados motivos de la espiritualidad renana en los espacios hispánicos y americanos.

Taulero, mística y cultura religiosa en el Chile colonial
La importancia de Taulero para el estudio de la religiosidad colonial no depende necesariamente de demostrar una influencia directa de sus escritos sobre determinados individuos. Su interés reside también en permitir reconstruir el horizonte doctrinal en el que ciertas prácticas y categorías espirituales adquirieron significado.
En este punto, la recepción hispánica y americana de la tradición mística adquiere particular interés. El estudio de textos espirituales en contextos americanos muestra que las autoridades y repertorios procedentes de tradiciones europeas podían ser objeto de apropiaciones, reelaboraciones y atribuciones diversas. El trabajo de Jiménez Gómez (2024), por ejemplo, permite observar estas dinámicas en el ámbito novohispano a propósito de la circulación y apropiación de un tratado místico franciscano. Estos procesos invitan a estudiar la cultura espiritual americana atendiendo tanto a la procedencia de sus autoridades como a las formas concretas en que fueron leídas y reutilizadas.
Esta perspectiva resulta especialmente sugerente para el Chile de comienzos del siglo XVIII. En nuestro artículo sobre el jesuita Manuel de Ovalle hemos analizado la relación entre formación filosófica, misticismo y control inquisitorial a propósito del proceso seguido contra el grupo de “alumbrados de Santiago” liderado por Juan Francisco de Ulloa. Ovalle, formado en la tradición escolástica y profesor de filosofía en el Colegio Máximo San Miguel, desempeñó un papel central en la denuncia que dio origen al proceso inquisitorial de 1710. La acusación vinculó las prácticas del grupo con el quietismo-molinosismo; sin embargo, décadas más tarde, el Consejo de la Inquisición revocó las sentencias y cuestionó severamente los procedimientos empleados, calificando la actuación de Ovalle como “seductiva y poco sincera” (Aravena Zamora y Sánchez Abarca, 2026).
El caso permite introducir una distinción historiográfica importante. La presencia de elementos como la negación de la voluntad propia, la obediencia espiritual, el combate contra el amor propio o la búsqueda de una unión más profunda con Dios no autoriza, por sí misma, a atribuirlos a una influencia directa de Taulero. Para establecer una relación de este tipo sería necesario demostrar la circulación y lectura de sus obras por parte de los actores involucrados. Lo que sí puede hacerse es situar estas prácticas dentro de una historia más amplia de los lenguajes de la interioridad y de las tradiciones ascéticas y místicas que circularon por el mundo católico.
Desde esta perspectiva, Taulero ofrece una vía para comprender algunos de los antecedentes intelectuales y espirituales de problemas que adquirirían especial complejidad en el Chile colonial. Su pensamiento permite reconocer la profundidad histórica de categorías como el desapego, la negación de la voluntad propia, el amor de Dios, el recogimiento y la transformación interior. Tales categorías podían ser integradas en diferentes programas de dirección espiritual y, dependiendo de su interpretación y de las circunstancias en que fueran empleadas, situarse también bajo sospecha de heterodoxia.

El estudio de Taulero se vincula así con una cuestión central para la historia intelectual y religiosa del Chile colonial: reconstruir los procesos mediante los cuales determinados lenguajes espirituales fueron transmitidos, apropiados y sometidos a mecanismos de discernimiento y control. En este sentido, la mística renana constituye uno de los antecedentes que permiten ampliar el marco histórico desde el que abordar fenómenos como los alumbrados de Santiago y el proceso inquisitorial estudiado en el caso de Manuel de Ovalle. Más que establecer genealogías directas, se trata de reconstruir los repertorios doctrinales y las formas de circulación que hicieron posible que determinadas experiencias de interioridad fueran comprendidas, legitimadas o, eventualmente, calificadas como sospechosas.
Referencias bibliográficas
Andrés, M. (1994). Historia de la mística de la Edad de Oro en España y América. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.
Aravena Zamora, A., & Sánchez Abarca, M. (2026). El jesuita Manuel de Ovalle (1675-1736): filosofía, misticismo y control inquisitorial en el Chile colonial. Intus-Legere Historia.
Gnädinger, L. (1991). Tauler. En A. Derville, P. Lamarche, & A. Solignac (eds.), Dictionnaire de spiritualité ascétique et mystique, doctrine et histoire (cols. 57-79). Paris: Beauchesne.
Jiménez Gómez, R. (2024). Los “Siete grados o sendas” del ermitaño novohispano Fernando de Córdoba y Bocanegra: falsa autoría y apropiación de un tratado místico franciscano. Literatura Mexicana, 35(2).
McGinn, B. (2005). The Harvest of Mysticism in Medieval Germany (1300-1500). New York: Herder & Herder.
Sesé, J. (1994). Jean Tauler, Sermones, Sermons, Les éditions du Cerf. Scripta Theologica, 26(2), 891-920.
Ugarte de Ercilla, E. (1924). Los hondos de Taulero. Estudios Eclesiásticos, 3(10), 194-206.
Dr. c. Marcelo Sánchez Abarca




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